16 veces Zamora
Un ciudadano ejerce su derecho en las urnas. / Efe
Estas elecciones autonómicas se presentan dieciséis formaciones políticas. Pero, para qué tantas, si tan poco hacen por esta tierra. Quizás no conozcan la idiosincrasia de por aquí, sus carencias y necesidades, o lo que sería peor, que conociéndolas se fumaran un puro con ellas.
Zamora, un lugar perdido donde, de manera perenne, la clase política presume de aplicar una ristra de engaños sin que, por ello, se les llegue a pasar factura.
Zamora, para el poeta Claudio Rodríguez la "Ciudad del Alma". Y para otros un lugar donde no resulta fácil ver un arrebol en las nubes.
Zamora, a la que el genial pensador y poeta Agustín García Calvo (A.G.C) llegó a darle protagonismo en su ensayo libertario "Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana" (Una Arcadia feliz), cuando aún permanecían presentes los ecos del "mayo del 68", y en la vecina Francia se luchaba por dejar atrás prejuicios y tabúes.
Zamora, la ciudad de la que nadie se acuerda, si no es para ensuciar su geografía con la mugre de macrogranjas, generadores eólicos, energías de hidrógeno (llamadas eufemísticamente "verdes") y sombrías plantas de biogás, dando al traste con tierras y paisajes.
Zamora, la tierra donde las administraciones públicas hacen magia para que desaparezcan los proyectos de futuro, y se alarguen indefinidamente los plazos de ejecución de los pocos que continúan vivos.
Zamora, la bien cercada. Aquella en la que la infanta Doña Urraca tuvo las agallas de plantar cara a su hermano, el iracundo Sancho II de Castilla, que nació y murió en Zamora; y , entremedias, jugó a ser imperialista.
Zamora, la ciudad que resistió aquel cerco, la que "no se tomó en una hora", la que no puede resistir más los envites de los fuegos del estío, que arrasan campos y valles, ante la pasividad de la administración autonómica.
Zamora, la que alberga el mayor número de templos románicos del mundo: los que se ven y los que permanecen ocultos bajo los cimientos de más de un edificio.
Zamora, la que se encuentra arrullada por el murmullo que, como un suspiro, brota de un río llamado Duero.
Zamora, la ciudad que es refugio de muchos de nosotros, porque nos vio nacer, y nos hace repetir más de "42 veces" (A.G.C) el nombre de Valorio.
Zamora, la ciudad que, sin ser melifluos, añoramos cuando nos mece en sus brazos la nostalgia.
Zamora, es un todo que transita por el peligroso camino de las tierras olvidadas, y puede que no tardando muchos años llegue a no ser nada.
Zamora, la tierra donde sus hijos, entre trémulos suspiros, parecen resignados a verla morir, al igual que si se tratara de una madre desahuciada por los galenos.
Zamora, tierra donde trajeron a nacer a escritores como Leopoldo Alas "Clarín", y poetas como León Felipe; aquel que se quejaba amargamente de no tener una patria, ni una tierra provinciana, ni una casa solariega y blasonada, ni el retrato de un abuelo que ganara mil batallas, ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada: ¡qué lástima!
Zamora, cuna de poetas, como Jesús Hilario Tundidor, como Waldo Santos, como Jesús Losada, como Tomás Sánchez Santiago.
Zamora, "Libre te quiero / como arroyo que brinca / de peña en peña / pero no mía / Pero no mía / ni de Dios, ni de nadie / ni tuya siquiera" (A.G.C).
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