¡Rataplán, plan, rataplán!
Don Juan de Dios Balibrea, Pedro Flores y sra. con Manuel Augusto García Viñolas, 1963 / L.O.
De nuevo los ecos de tambores y de cornetas resuenan en el espacio, despertando los azahares de la Murcia eterna. La ciudad y su huerta, al unísono, se desperezan al conjuro de las voces del pecador pidiendo misericordia, vistiendo las túnicas de penitencia en la conmemoración de la tragedia mística del Calvario.
Resulta curioso observar cómo, con el transcurso de los años, la memoria reverdece, llevándonos de nuevo a las praderas de la infancia feliz. A aquellos años de inocencia donde todo era nuevo y motivo de curiosidad. Permítanme, queridos lectores, unos breves y modestos retazos autobiográficos para un mejor retrato de aquellos días.
Vine a este mundo en la calle de los Apóstoles, en un desvencijado edificio con excelencias galdosianas en cuanto a los vecinos que lo habitaban y tradicional en cuanto a su arquitectura murciana. Ostentaba sobre su portal un rotundo número «2», dando su balconada fachada orientada al Seminario Mayor de San Fulgencio y,........
