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La sombra de la tragedia de Adamuz sigue siendo alargada

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26.02.2026

Ahora, cuando llegue a casa tras regresar a Murcia en el AVE desde Madrid quiero escribir un artículo sobre el accidente del AVE en Adamuz, y es que aún se puede sentir, más de un mes después de aquel trágico accidente, los efectos psicológicos que provocó. No puedo esperar a llegar a casa, y decido empezar ahí mismo, a 297 por hora, es lo que marca el tren en sus pantallas.

Y sin querer, traicionándome el subconsciente me viene a la cabeza los 46 fallecidos de Córdoba, ninguno de ellos pensaría que ese fue su último tren.

Miro a mi alrededor y comparto destino con gente que seguramente jamás vi ni volveré a ver, pero pienso, porque tras aquel fatídico accidente la cabeza, la mía me refiero, sigue empeñada en regresar a aquel día, en el que junto a mi madre, que falleció unos días después, seguíamos en televisión como millones de españoles, atónitos y maldiciendo el maldito destino por solo diez segundos.

Frente a mí, una chica morena, de unos treinta años, guapa a reventar, mestiza de piel, ¡cuánto bueno ha aportado el mestizaje a la humanidad! no suelta su móvil en ningún momento del trayecto, como la mayoría de los demás pasajeros.

Un poco más adelante un grupo de mujeres jóvenes hablando de las prestaciones de sus móviles, una de ellas, dice que tiene que estar en Caravaca a las 2 en punto.

A mi derecha una mujer que no pestañe siguiendo una serie que la tiene absorta

Si este artículo llega a leerlo, significa que el tren llegó con más pena que gloria. Pero mientras van pasando los kilómetros me agarro a las estadísticas que dicen que viajo en un transporte seguro. Nunca creí, quizás porque un tiempo trabajé en ellas, en las malditas estadísticas, pero esta vez quiero confiar en ellas.

Cuando intento distraer mi mente con otras cosas, otro tren se cruza con nosotros, y de nuevo la mente coge el pico y la pala y se pone a desenterrar recuerdos.

Si esto me pasa a mí, que soy asquerosamente normal, no quiero imaginar que pasará por las cabezas de los onubenses que vuelven a tener que coger el AVE. Imagino que durante un tiempo, mientras las horas, los días, las semanas y los meses no escondan Adamuz en el subsuelo de sus mentes, el silencio tendrá asiento preferente en esos viajes.

Antes de terminar el viaje, le pregunto a mi ‘compañera’ de viaje y de miradas como se llama, no le digo nada de lo que estoy escribiendo, no quiero joderle el viaje, aunque siempre tendré la duda si ella también piensa en la posibilidad de morir junto a un desconocido.

Espero que jamás lo hablemos, sería buena señal, aunque pienso en la mala suerte de esta chavala de que un algoritmo de renfe la haya sentado frente a un tipo como yo

Ya lo decía Azcona, el mejor guionista que ha dado este país, es aquí, en los trenes y en los autobuses donde están las más bellas historias de la vida. En este vagón se sientan la soledad, la inmigración, los sueños, las pesadillas, y al fondo, como decía el poeta, las frustraciones junto a las desilusiones besándose como dos enamorados

Ella no sabe que ha sido mi "musa" por unos instantes, y encima me ha ahorrado una sesión con mi psicólogo. Algo es algo.

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