El Sol acrobático eclipsa al primitivo ser humano
Las imágenes del eclipse del siglo en Mallorca / Manu Mielniezuk / Guillem Bosch
Según lo previsto y con una puntualidad solo exigible a escala astronómica, el Sol acrobático ha eclipsado al primitivo ser humano, invisible durante un par de minutos desde su guía y matriz estelar. Las personas son polvo de estrellas, condensado en un número de espectadores que supera a la suma de las audiencias de todos los eclipses registrados a lo largo de la historia.
En la superposición de Luna y Sol, de nuevo David oscurece a un Goliat que lo multiplica cuatrocientas veces en tamaño, mediante el truco digno de Ulises de colocarse cuatrocientas veces más cerca del observador. En ‘La Odisea’ según Christopher Nolan, el héroe retornado y su Penélope parten "a la caza del Sol fugitivo", una síntesis perfecta de las causas inalcanzables.
El Narciso contemporáneo abandona su ensimismamiento digital, para prestarle la atención a astros situados a 150 millones de kilómetros de distancia, con un retraso de ocho minutos en el transporte de su luz. Un Odiseo debería recorrer cinco mil kilómetros diarios para alcanzar el Sol al final de sus días, tras sortear a Circe y a Calipso.
El espectáculo transcurre en el escenario más desmesurado imaginable, una hoguera de miles de millones de hectáreas. La Luna lorquiana transforma al gigante en una parodia del satélite, con sus fases menguante y creciente. La vencedora del Sol se reserva el privilegio de definir las zonas de umbra y de penumbra, de infierno y purgatorio. Los tres astros involucrados danzan en sincronía, sin improvisaciones ni traspiés. La realidad funcionaría mejor sin los eclipsados seres humanos.
En su concepción mercantilista, el eclipse debía derrotar la monotonía solar, pero Chesterton ya desbarató la idea de una estrella sin imaginación, para reivindicar........
