Elogio de la quietud
Ahora que llega el verano, cuando los días parecen estirarse hasta bien entrada la tarde y la luz se alarga un poco más sobre las cosas, me parece un buen momento para hacer una reflexión sobre el tiempo. Más que sobre el tiempo, sobre nuestra forma de habitarlo y de consumirlo. Quizá porque en esta época del año aparecen más espacios de recreo, pausas inesperadas en la rutina, momentos en los que se modera la intensidad y el ritmo con el que solemos vivir el resto de los meses.
El verano tiene una especie de permiso tácito. Nos invita a mirar más despacio, a sentarnos sin prisa en una terraza, a pasear con deleite o a quedarnos contemplando el mar. Sin embargo, incluso en esos momentos de aparente calma, muchos seguimos arrastrando la sensación de que deberíamos estar haciendo algo más.
Vivimos en el tiempo y en la era de la eficiencia. De las listas interminables de tareas y de la obsesión por aprovechar cada minuto. Hemos........
