El viaje que a todos nos une
El doctor Antonio Prieto González. / Juan Ballester
A primera hora del día 7 de noviembre de 2011 habíamos acudido mi mujer y yo al servicio de urología de la Arrixaca para conocer el resultado de una biopsia de próstata que me habían realizado unos días antes. A la hora programada y con total puntualidad, se oyó mi nombre en los altavoces de la sala de espera y entramos en un pequeño cuarto en el que nos esperaba el doctor Antonio Prieto. Sólo quienes han pasado por esa experiencia pueden hacerse una idea de lo importante, de lo trascendente que es ese momento de tu vida en el que te comunican que tienes cáncer, es decir, que ya estás, no solamente señalado, sino calentando en la banda para ‘salir a jugar’. Y aunque, lógicamente, también lo sientes, tampoco es propiamente el miedo lo que te coloniza en esos primeros instantes; es la perplejidad del zarpazo, es esa caída al vacío que se produce cuando descubres que la realidad no es tu sueño, cuando te hacen ver y hasta tocar, que tu vida, tu ser, tu identidad, tienen la misma consistencia que tiene una gota de agua cayendo al mar.
En aquel instante, tan insignificante e intrascendente para el Todo (o la Nada) del que venimos, pero tan esencial para cada una de esas hojas del gran árbol de la vida que somos, sólo acudió a socorrerme la voz firme y segura de aquel médico, su comprensiva mirada, su enorme empatía. Desde luego me ofreció muchas esperanzas y diversas salidas médicas, pero hubo algo más en su personalidad que me hizo sentir acompañado, como una especie de paternalismo, eso a lo que tanto nos agarramos cuando todo se nos derrumba; incluso, cuando ya salíamos por la puerta de su despacho, nos dijo: «Tomaros un café y antes de iros, si queréis, volvéis por aquí para que sigamos hablando».
Si ya han pasado más de catorce años desde entonces, es que, hasta el momento, todo ha ido como se esperaba. En este tiempo nos hemos acercado mucho a él, a sus consejos y dictados médicos, a sus protocolos profesionales y experiencia personal; incluso nos hemos unido a la Asociación Nacional del Cáncer de Próstata (ANCAP), organismo que creara por aquellos años junto a otros y el cual preside desde su fundación. Precisamente, el pasado día 6 de marzo, se celebró en Alicante su IV Congreso Nacional y me extrañó no verlo por allí. Tras llamarlo me confirmó que estaba de baja médica porque le habían diagnosticado Alzhéimer. Unos días después pasó por mi estudio a fotografiarse y también me comunicó su jubilación anticipada por la enfermedad. Sí, desgraciadamente ahora es nuestro ‘paño de lágrimas’ quien llora, quien siente el miedo, quien percibe en propia carne la soledad del viaje. Como ahora somos los demás quienes tenemos que recordarle la vida, que hacer de espejos y devolverle lo que tan generosa y constantemente nos ofreció. En mi caso y como mínimo, sólo espero estar con él a la altura que él estuvo conmigo. Este viaje no tiene sentido si no vamos todos juntos en el mismo vagón y con el mismo destino.
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