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Sobre un volcán dormido

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saturday

Job, de Léon Bonnat.

El astrónomo chino Subo Dong ha descubierto un planeta errante. Suponemos que hace innumerables eones, incontables kalpas, en tiempos remotísimos y en edades tan lejanas que difícilmente pensaríamos que hayan podido existir, este planeta orbitaba, amoroso, alrededor de su estrella. Planeta y estrella se armonizaron en sus posiciones no sabemos durante cuánto tiempo. En un momento impreciso, en un largo “después” que acaso durara millones de años, ocurrió una catástrofe cósmica y aquel sol, quizá anterior a cualquier otro sol conocido, expulsó a su planeta quién sabe por qué secreto agravio, lo declaró odioso y lo condenó a marchar sin camino por el espacio profundo y vacío, lejos de las demás estrellas. No refleja luz alguna y en las distancias siderales el ojo humano no puede percibirlo. Su presencia se delata solo por la distorsión de las ondas gravitatorias. Envuelto en la oscuridad del abismo, perdió el brillo que le prestaba su sol. Vaga solo, sin rumbo, como un desterrado.

San Agustín dice que los reinos son grandes latrocinios. Las fronteras se extienden a medida que se agrandan los saqueos. Quizá os sorprenda saberlo, pero también san Isidoro decía que los países........

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