La guerra civil del cava
El cava siempre me ha parecido un primo de El Gaitero que se fue a trabajar a Barcelona. El pariente que ha hecho algo de dinero, pero que mantiene un algo indiscutiblemente vulgar. Ahora se ha desatado la guerra civil entre los productores de cava catalán.
Unos quieren seguir como hasta ahora, destinados a ser bebidos a morro en las celebraciones espontáneas por haber ganado el ‘gordo’, y que priorizan vender cantidad sobre la calidad, tipo ‘burbuja dorada’.
Otros quieren competir en prestigio con el champagne francés, para lo que queda un camino muy largo, aunque valiente. Unos quieren expandir aún más la gaita achampanada en Cataluña y fuera de ella y otros ser un producto exigente, como tantos productos catalanes, y con su genuina denominación de origen.
Estoy con los catalanes que no se limitan a sacar las perras sino que aspiran a lo excelso en su trabajo. No creo que el cava, por razonable que sea, llegue a jugar en la liga del champagne (bueno, en la del dudoso Möet, sí), pero puede llegar a ser un líquido muy bebible.
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