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El Rata

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14.02.2026

Imagine que al nacer usted recibe 1.500 dólares. Con ese dinero debe buscarse la vida y moverse por las calles para prosperar. Un día descubre una propiedad disponible y decide comprarla. La suerte le sonríe y, gracias a una buena jugada, adquiere todo el bloque de viviendas del edificio. Esta operación le permite cobrar el doble del alquiler a sus inquilinos, muchos de los cuales serán desahuciados por sus deudas. A medida que va acumulando más propiedades y riquezas, los demás son cada vez más pobres. La cuestión es que, para que usted pueda ganar, el resto debe perder. Así es la vida o, en palabras del exvicepresidente del Gobierno y exinquilino de Soto del Real, Rodrigo Rato, «es el mercado, amigo».

Esta descripción —que bien podría ser el sueño húmedo de mi casero— es, en realidad, un resumen de las reglas del Monopoly, ese juego infantil que nos inocula el virus del capitalismo inmobiliario salvaje, antes incluso de hacer la comunión. Lo curioso es que este pasatiempo ideado por la estadounidense Elisabeth Magie en 1903 nació, en realidad, como una denuncia de los problemas derivados del monopolio de la tierra, es decir, como una crítica........

© La Opinión de Murcia