¡Or-gu-llo!
Pancarta con el lema del Orgullo, 'A las calles con orgullo! Disidencia y resistencia', en Murcia. / Juan Carlos Caval
Me gustaría no tener que conmemorar el Orgullo. Cualquier persona LGTBIQ estaría de acuerdo conmigo: si no necesitáramos el Orgullo significaría que las personas LGTBIQ somos iguales a los demás y que nada amenaza nuestros derechos.
¿Existe esa discriminación? Es la pregunta. A esa contestamos con otra: ¿Te parten la cara por ir con tu novia de la mano, besarte con ella o parecer heterosexual? No, ¿verdad? A nosotras, nosotros y nosotres, sí. Una violencia muy parecida a la que sufren las mujeres que van solas y tienen que evitar estar en la calle en determinados estados, transitar por determinados sitios, evitar determinadas horas y no llevar determinadas apariencias. ¿Exigen esas violencias políticas públicas? Sí, porque son específicas: cuando nos agreden lo hacen con intención de humillarnos o matarnos; nos atacan porque les sale de su santísimo nardo hacerlo, por sus benditos cojones, muy parecida a las motivaciones de la violencia contra las mujeres: hacernos hombres con un par de hostias bien dadas, hacerlas mujeres sabiendo que es un hombre de verdad.
«Es que esos son crímenes como todos». ¿Ah, sí? Entonces, ¿igualamos la respuesta penal para los mismos tipos de delitos independientemente del origen de la violencia? ¿Tratamos igual la violencia familiar, la violencia xenófoba o la violencia desde el Estado que la violencia común? No, no lo hacemos. Y si no lo hacemos con esas violencias, ¿por qué se pide, siempre desde la ultraderecha, ignorar o silenciar el origen de la........
