Crónicas marcianas
Elon Musk es un personaje peculiar. Tiene por costumbre prometer cosas imposibles, no disculparse cuando se demuestra que eran imposibles, y a continuación prometer otra cosa distinta, también imposible. Y no le ha ido mal, porque es el hombre más rico del mundo, por sus participaciones en las empresas que promueve. Los accionistas disculpan sus falsas promesas y sus cambios de rumbo porque, simultáneamente, sus acciones se revalorizan, aunque con periódicas caídas. De ahí las fusiones y patadas adelante. Ahora está prometiendo robots humanoides y robo taxis a la vuelta de la esquina. Genio y figura.
De todas las decepciones, la que más me ha afectado es su cambio de orientación estratégica en relación con la colonización de Marte. Elon Musk ganó mi atención y me alegró la vida como inveterado aficionado a la ciencia ficción cuando puso como objetivo de SpaceX llevar una tripulación a Marte antes del final de esta década. Su promesa me devolvió la esperanza de culminar mi vida con la primera aventura interplanetaria de la humanidad. Nací en 1957, el año en el que se inauguró la era espacial con el lanzamiento del Sputnik, asistí con arrobo con doce años al primer paso de Armstrong en la superficie lunar, y esperaba ver al primer hombre en Marte antes de hacer mutis por el foro. Todo falsas promesas, como acaba de reconocer el propio Elon Musk al sancionar un cambio radical de estrategia. Ahora la prioridad pasa a ser la construcción de Moon City, una base lunar que daría paso con el tiempo al dilatado sine die viaje a Marte.
Lo que más me cabrea es que la solución de crear una base operativa en la Luna era desde el primer momento el paso lógico del proyecto marciano. Al fin y al cabo, hacer despegar desde la Tierra un cohete lo suficientemente potente para llevar una nave tripulada a Marte y volver con los astronautas a salvo siempre careció de lógica y viabilidad. Aunque su empecinamiento en el proyecto parecía sincero, ahora se demuestra una vez más el sinsentido de hacer caso alguien tan pagado de sí mismo que se la trae floja el incumpliendo de sus falsas promesas.
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