La toalla y el que se quedó
El futbolista senegalés Sadio Mané cuando jugaba en el Bayern Münich / L.O.
Mendy se seca las manos como quien se seca una duda. La toalla pesa como pesan los segundos cuando te los quitan. La deja a un palmo del poste y ahí empieza otro partido. Los recogepelotas no paraban de robársela. Va y viene. Su compañero acaba pegado al palo, custodiando un trapo en la final de un continente. La soberanía del portero era una toalla, una bandera pequeña.
La trampa grande escandaliza; la pequeña se normaliza. Y en el fútbol, como en casi todo, lo peor no es que ocurra, sino que deje de sorprender. La ventaja empieza siendo un detalle y termina instalada como costumbre. El miedo a ganar, parece que........
