La gotera de diciembre
Diciembre no es un mes: es un grifo mal cerrado. La ciudad se pone luces para disimular lo que pesa y deja caer la gotera de los villancicos, como si la música pudiera sellar el ruido de fondo. «Qué rápido pasa el año». Lo decimos como quien firma un albarán sin leer la letra pequeña. Rápido, sí. Y nosotros detrás, como si pudiéramos alcanzarlo.
En el espejo del ascensor uno se devuelve una versión correcta: cara de ‘todo bien’. Se cierra la puerta y aparece el resto: la sensación de haber vivido en modo avión, conectado a todo salvo a uno mismo. Desgaste fino: arenilla en la bisagra del día. Lo raro no es estar cansados; lo raro es llevarlo con naturalidad.
En la agenda no hay huecos: hay........
