Balance del Festival de Málaga: los 30 años del certamen deberían venir con la búsqueda de nuevos techos
Un operario, trabajando en la instalación de una carpa del Festival de Málaga / Álex Zea
Un festival de cine no es sólo su Sección Oficial pero la potencia de ésta define determina en gran medida su nivel. Y ahí, lamentablemente, tenemos que darnos cuenta de algo (por si ya no lo hemos hecho): Málaga ocupa un nicho de mercado quizás demasiado concreto; está bien ser lanzadera de debutantes (al fin y al cabo, aquí estrenaron primero nombres hoy consolidadísimos como Alauda Ruiz de Azúa o Carla Simón) pero tampoco deberíamos conformarnos con eso. Y otro asunto: todos los años resulta muy fácil anticipar el título que ganará, pero no porque los jurados sean predecibles sino porque el nivel medio de la competición se ha instalado en una corrección y mediocridad festivalera que hace que cuatro largometrajes sobresalgan con muchas cabezas de diferencia sobre los más de quince restantes.
¿Programa demasiadas películas el Festival?
A mí ya me han convencido: el público y los medios no lo pueden abarcar todo, deben elegir. El problema es que el crecimiento se produce fundamentalmente en una misma parcela (la Sección Oficial), porque, claro, los recursos del Festival son limitados.
Me sigue pareciendo que apuestas históricas........
