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Érase una vez

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06.03.2026

Elon Musk y el robot humanoide Optimus / BERTA GÓMEZ SANTO TOMÁS

«¡Paren el mundo, que yo me bajo!» es una de las declaraciones más citadas de Groucho Marx. Indica una de las posibilidades que se abren hipotéticamente al individuo en las sociedades industriales avanzadas, al constatar el colapso de las condiciones que las han hecho posibles. Tal vez habría que hablar en pasado, dado que el mundo que ahora mismo habitamos, como consecuencia de la pandemia de la Covid-19 que sufrimos –casi en silencio, como las hemorroides-, es más real que nunca. No sé si se han dado cuenta de que aquella situación traumática para toda la humanidad que muchos vivimos y en la que también muchos, murieron, está cada vez más lejos y pronto pasará a la historia, si es que no dormita ya en ella en estado de hibernación como «Alicia en el ‘país de los aranceles’».

El filósofo de Coín y socio de honor de la Asociación Andaluza de Filosofía, Javier Muguerza, afirma que el de utopía es un concepto intencional (‘Desde la perplejidad’, 1990). Se trata de «ciertas intenciones relacionadas con la realización de la convivencia social», y estos ideales irrealizables, aunque deseables, de transformación social tienen dos componentes: por una parte, la denuncia de los problemas con los que se enfrenta la sociedad contemporánea; por otra, la propuesta de una sociedad ideal. Lo cierto es que estamos hartos de denuncias y huérfanos de propuestas asequibles.

Y resulta que, en noviembre de 2010, tuve el placer de escuchar la ponencia del profesor Félix Duque titulada El concepto de utopía. Los artistas y la ciudad ideal: de Platón a la contemporaneidad. Desde las Utopías renacentistas a la Revolución de 1789 y a las ingenierías socialistas y positivistas del siglo XIX en el marco del curso de especialización ‘Utopías de las Vanguardias’, que organizaran el Museo Picasso y la Universidad de Málaga en aquellas fechas ya muy lejanas. Muchas de las ideas que aquí expongo siguen su línea argumental.

Para el profesor Duque, el fin de la Modernidad entraña la fusión perfecta de la utopía social y la utopía tecnocientífica. Se ha llegado, en definitiva, al fin de los tiempos, al fin de la Historia. Y el momento presente, como subrayara Herbert Marcuse (‘El final de la utopía’,........

© La Opinión de Málaga