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Esto no va a ser un paseo militar

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09.03.2026

Donald Trump. / Europa Press

En su débil mente, Donald Trump debió de pensar que su operación contra Irán de la mano de Israel, pomposamente bautizada por el aparato de propaganda del Pentágono ‘Furia Épica’, iba a ser un paseo militar.

¿Le engañaron tal vez sus ‘halcones’ como el senador Lindsay Graham y sobre todo su ‘amigo’, el genocida primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, haciéndole creer que, una vez decapitado el ‘régimen’, el pueblo iraní se levantaría en masa y daría la bienvenida a los liberadores?

A pesar de su fanatismo sionista, es difícil creer que el Gobierno israelí, que tiene a sus espías infiltrados en todas partes, no supiera de la dificultad de la tarea, pero debió de pensar que valía la pena intentarlo, sobre todo porque podía contar con la enorme fuerza militar de su aliado.

Su objetivo estaba claro: provocar allí el caos, aprovechando las ambiciones de algunos de sus numerosos grupos étnicos, sobre todo los rebeldes kurdos, para fragmentar eventualmente a ese país y acabar con la única oposición a su proyecto expansionistas del Gran Israel.

¿Cómo es que no pensó que la muerte en un bombardeo del anciano líder espiritual no sólo del país, sino en general de la corriente chií del islam, presente junto al sunismo en muchos países de la región iban a interpretarlas las masas como un sacrificio que enardecería a las masas en lugar de desmovilizarlas?

¿Entró en sus cálculos la posibilidad de que, a diferencia de las ocasiones anteriores en las que se vieron atacado por los dos mismos países, los iraníes fuesen a recurrir a una estrategia ciertamente temeraria por lo que suponía de desafío también al Reino Unido y Francia, que tienen también bases en Oriente Medio, estrategia consistente en regionalizar el conflicto?

Es decir, atacando esta vez a los países árabes cuyos gobiernos Teherán considera traidores tanto al islam como a sus propios pueblos por albergar bases militares y otros intereses sobre todo de EEUU, con lo que contribuyen a mantener su poder hegemónico en Oriente Medio.

Pero eso es lo que ha hecho Irán en respuesta tan inmediata como contundente a un ataque que viola una vez más el derecho internacional, lanzando a su vez desde búnkeres y túneles subterráneos miles de drones y misiles contra aeropuertos, puertos e intereses estadounidenses. Y además, para júbilo de muchos, como ocurrió, por ejemplo, en Baréin.

Lo cierto es que la agresión no provocada a Irán ha indignado a las masas de diferentes países árabes y unido a veces, en común rechazo, a chiíes y suníes: las dos grandes ramas del islam. Otra cosa es que esas masas se atrevan a rebelarse contra sus gobiernos.

Algunos analistas estadounidenses, entre ellos el coronel Lawrence Wilkenrson, ex jefe de personal de la secretaría de Estado de Washington, reconocen que si en un primer momento consideraron equivocada esa estrategia iraní, hoy la consideran por el contrario ‘astuta’.

Según Wilkerson, hay millones de árabes que simpatizan con Irán y viven en dictaduras como la egipcia o en regímenes feudales como Arabia Saudí o Emiratos Árabes, «cuyos gobiernos habrían sido derrocados hace tiempo si no fuera por el dinero y las armas de EEUU».

Tanto Wilkerson como otros analistas, como el ex marine y ex inspector de armas de la ONU en Irak Scott Ritter, creen que Irán puede aguantar mucho mejor que Estados Unidos una guerra larga como promete ser ésta.

Al mismo tiempo acusan al líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Summer, de impedir que esa cámara tratara de inconstitucional el ataque a Irán y lo explican porque, como el propio Trump, y muchísimos legisladores de ese país, aquél está financiado por el poderoso lobby israelí.

Lobby que controla también muchos medios estadounidenses que han tratado de manipular a la opinión pública con informaciones falsas sobre la situación interna de Irán y el peligro de su por el momento inexistente programa nuclear.

También consideran totalmente temerario el anuncio del presidente Trump de que Estados Unidos escoltará con sus buques de guerra a los cargueros que intenten atravesar en cualquiera de los dos sentidos el estrecho de Ormuz porque sus soldados serán blanco fácil bien de los hutíes del Yemen, bien del propio Irán.

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