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El Evangelio no entiende de encuestas

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01.03.2026

El Evangelio no entiende de encuestas / La vida moderna merma

Hay algo profundamente inquietante cuando un partido político empieza a hablar con la voz de otro. No porque evolucione -eso es legítimo-, sino porque se disfrace. Y en política, los disfraces suelen oler a miedo.

La reciente llamada de atención del obispo de Málaga, José Antonio Satué, al Ayuntamiento por su respaldo a una moción contraria a la regularización extraordinaria de inmigrantes ha abierto un debate incómodo. Y los debates incómodos suelen ser los más necesarios. La diócesis recordó algo bastante elemental. Vincular inmigración con inseguridad o deterioro social no solo es simplista, sino que es peligroso. Porque cuando simplificas, siempre acabas señalando.

Aquí conviene dejar algo claro y es que la inmigración no es un asunto menor. No es una tertulia de sobremesa. No es un argumentario de campaña. Son personas. Con nombres. Con biografías rotas. Con situaciones, en muchos casos, verdaderamente miserables. Personas que no están en abstracto. Viven en barrios concretos, comparten escaleras, colas en el ambulatorio y pupitres en los colegios.

Y precisamente por eso, el mercadeo político con este asunto debería estar prohibido por pudor. Por vergüenza.

El Partido Popular en Málaga -como en tantos lugares- vive con el alma en vilo. Vox pisa fuerte en determinados entornos. Especialmente en barrios humildes donde el choque cultural es más directo y menos teórico. Y el miedo es humano. También en política. Pero el miedo........

© La Opinión de Málaga