Todo lo que sé me lo enseñó el demonio
Todo lo que sé me lo enseñó el demonio / l.o.
Era esa mirada que viene como de lado. El pelo liso y bajo los hombros. Y, sobre todo, desconfiada. La boca en un gesto de asco sutil, permanente cada vez que la descubría mirándome. La escuché hablar sola muchas veces, sin pensar que fuera nada más que una persona que libera su estrés conversando consigo misma.
Mi hija no tenía aún tres años, pero el pelo ya lo suficientemente largo como para recogérselo. Quedaba con mis amigas un rato por la tarde y llevaba a mi niña conmigo, siguiéndole los pasitos de aquí para allá. No dejaba de moverse, pero en esa etapa aún no me resultaba tan agotador. Nos sentamos en una terraza al sol cerca de la catedral y me dispuse a hacerle una mini coleta en la corona más alta de su cabeza. Mi amiga,........
