La resaca del recuerdo
Las manos en el volante, el cansancio completo. Todo el día de trabajo y encontrando fuerza para llegar al hospital. No era fuerza. Era prioridad. Conduzco acercándome a la avenida Andalucía y ya estoy viendo la mole gris que es la comisaría. Con cada metro recorrido, más pena. Tomo la rotonda en la dirección del Hospital Carlos de Haya y se erige frente a mí anclado en el tiempo, de soslayo. Me aprieta el estómago. No encuentro aparcamiento fácilmente, pero consigo dejar el coche en un margen del terraplén que hay por detrás. Caminando hacia la puerta principal, los pies ligeros y el corazón a punto de estallar. Un día como el de ayer, víspera del Carmen, mi hermano pequeño ponía su brazo abierto y recibía la médula ósea de nuestro padre por primera vez. Solo puedo llorar.
Mantengo mis rutinas, que son las que me mantienen cuerda. Pienso en todos estos pequeños pasos que realizo diariamente, en todas las decisiones en las que me embarco. Si será mejor decir que sí o decir que no. Una privilegiada en toda regla, una mujer con opciones que puede decidir. Pero todo tiene su cara B y me pregunto a modo de reflexión profunda si existe un significado ulterior adherido a la capacidad de........
