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El cielo no es el límite

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10.04.2026

Sexto día de vuelo de Artemis II: La tripulación está lista para el sobrevuelo lunar / NASA

Me fijé porque era la única persona más mayor que yo que vivía en la residencia, además de por ser occidental. Conforme bajaba en el ascensor, tuve el tiempo justo de ver a un hombre rubio con un pijama de rayas azules a través de la puerta de cristal mojando galletas en un vaso de leche. Sentado en la cocina comunitaria de su planta, podría haber sido cualquiera. Estaba emocionada: de entre todas mis asignaturas en la universidad durante mi estancia en Seúl, me concedieron la posibilidad de estudiar Cosmología, a pesar de que no estuviera en absoluto relacionado con la lengua ni con la literatura. Y aquello me excitaba de una forma poco habitual. Tenía que alejarme un poco aunque el instituto de cosmología estaba dentro del campus, así que ese rato era idóneo para iniciar la conexión de una mujer de letras con su contrapartida científica. Porque yo, de haber vivido otra vida, habría sido a través de la ciencia. Dábamos clase en el observatorio, bajo la bóveda gigante. Era espectacular sentir la nimiedad del ser entre conceptos de física del cosmos y física cuántica, esa espiritualidad en estado puro que otros llaman hechos científicos. Ahí mismo recordé el cielo inmenso de El Bosque que vi con seis años. Y, aunque la primera clase seguro que fue muy interesante, no recuerdo nada de ese momento más que........

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