Soseguémonos
La Policía registra el despacho del expresidente José Luis Rodriguez Zapatero. / José Luis Roca
Sí, soseguémonos. Sobre todo para mantener la calma, para no dejarse arrastrar por intereses espurios de partidos y partidas, para preservar el sano criterio que nos permita un pensamiento claro y preciso, que nos libere del influjo nefasto del falsario discurso político, de parlanchines histriónicos que nos pretenden confundir. A veces se muestran patéticos, manipuladores, tendenciosos, cínicos e insultantes. No vayamos a caer en la espiral de intereses que vienen colonizando el mundo de la política que, moviendo necias pasiones, nos implique en desencuentros irracionales propios de una polarización suicida.
Por desgracia no siempre se cumplen los parámetros que deberían darse para un buen ejercicio de la política. No siempre, o más bien escasamente, se piensa en el bien general del ciudadano, en su feliz convivencia, en un desarrollo humanista y justo, sino que se impone el interés de los grupos que pretenden acceder al poder en beneficio de sus miembros. Eso lleva a la guerra partidista para instaurar el modelo económico y social que defienden en su ideario.
El dios dinero es el poderoso caballero desde tiempo inmemorial, como bien decía Quevedo. Establece su predominio sobre el ser humano. A él nos hemos de humillar si queremos subsistir, a él o a quien lo posee, que viene a ser lo mismo. Por tanto la lucha del poder radica en poseerlo y controlarlo para ejercer el dominio sobre aquello que se adquiere con dinero, bien sean los medios de comunicación, de producción o elementos influenciables desde ese poder. Todo se compra con dinero, todo tiene un precio, hasta la voluntad de los políticos corruptos.
Pido sosiego en un entorno que siembra y cultiva el desasosiego. El mundo de hoy entró en una dinámica de perturbación y zozobra. La desazón desestabiliza el pensamiento y la capacidad de discernir, y acabamos dando crédito a explicaciones o visiones interesadas, en muchos casos ajenas a la verdad y a nuestros propios intereses.
Requerimos serenidad para ver más allá de los discursos, para mirar la luna y no el dedo que la señala. Para criticar a aquellos a quienes hemos confiado el poder emanado de nuestro........
