Demonizar al otro: una vieja treta
Por supuesto, ningún ser humano es ilegal. Esto es lo que debería estar escrito en el frontispicio de nuestras creencias (terrenales: sin ir más allá). Las fronteras, decimos los incautos, deberían ser abolidas. Pero, al contrario, se erizan más y más: incluso literalmente, para que el extranjero se ensarte, no ya en las púas del destino, corona de espinas de los pasos fronterizos, sino en los acerados extremos de las normas, tan propias del mundo de los ricos.
Europa ha comprado la idea de algunos postulados feroces y extraños, como los campos de detención de Meloni, en gran medida inoperativos. Su propio nombre repele, aunque, al menos por lo que se refiere a Albania, también se llaman centros de internamiento. Todo suena a la peor de las historias. Si un sintagma ha de empezar por «campos de», mejor que continúe con «fútbol», o «trigo». Ni detención, ni internamiento, ni, mucho menos, concentración.
Ahora, la política antiinmigratoria se utiliza como herramienta electoral, y no sólo en Estados Unidos, sino, cada vez con más fuerza, en Europa. Para recoger el caudal de la........
