Una carta más allá de nuestras personales fronteras...
¡Buenos días! Les saludo en estos días lluviosos, precisamente disfrutando de un completísimo arco iris doble, que alegra el cielo. Dos completos conjuntos de los siete colores —rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta— en los que se divide la luz blanca, separados entre sí por la llamada banda oscura de Rolando… En realidad, infinitos arco iris de intensidad decreciente, aunque normalmente solo alcancemos a ver los primeros… Un verdadero lujo para los sentidos, que nunca nos deja indiferente. ¡Pura magia!
Déjenme que aproveche el día de hoy, 7 de febrero, en el que se conmemora la acción de enviar cartas personales a amigos y amigas, para hablar con ustedes sobre tal cosa. Sobre si son ustedes de mantener la tradición de la carta como vehículo de comunicación o si, en cambio y como yo, han sucumbido a las nuevas tecnologías en ese sentido y apenas o nada cultivan tal cosa. Y es que, para abrir boca, les confesaré que hace tiempo que yo no escribo cartas. Incluso cuando recibo cada Navidad felicitaciones de amigos y amigas que en esas fechas nunca fallan, rápidamente cojo el teléfono y llamo a sus remitentes para agradecerles tal envío… pero........
