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Un 18 de abril, un casorio y… una vida

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Hola, amigos y amigas. Hoy quiero compartir con ustedes una historia muy especial. Pero también común, porque puede ser también la de cualquiera de ustedes. La de personas ilusionadas, las que sean y donde sea, que un buen día comienzan una vida juntos. Y que, fruto de esta decisión, tejen un hilo que desemboca en nosotros, y luego mucho más allá, y más todavía… Un retrato que fluye de generación en generación, y que ahora nos parece tan presente, pero que luego quedará indefectiblemente diluido en el paso de las décadas y los siglos… Y que conforma, sin duda, parte de la magia de vivir. Porque la vida es bonita, sobre todo, por su levedad, en todos los sentidos… ¿O no? La inmanencia es pesada y hasta monolítica, mientras que las aves pasajeras destacan por su ligereza y encanto...

El caso es que hoy, 18 de abril, hace setenta años que papá y mamá se casaron, después de un largo tiempo de innumerables paseos por la calle Real, a la guisa de aquella época... Y sí, les confieso que este es uno de los días más señalados para mí, supongo que de forma icónica y sin saber muy bien por qué exactamente… ¿Pero es eso relevante para el gran público?, me preguntará alguno de ustedes. No, claro que no. Pero es mi forma de focalizar en personas concretas y amadas algo mucho más general, quizá un trocito de la vida de todos y todas nosotros, independientemente de quienes seamos y de cuál sea nuestro planteamiento vital, de que nos conozcamos personalmente o de que no hayamos tenido aún esa suerte. Un sentimiento que cada cual, a su manera, puede trasponer a su propia realidad, gusto y vivencias…

Mucho tiempo ha pasado ya, y hoy papá y mamá ya no están físicamente, aunque los dos siguen ocupando un lugar preferente en nuestra memoria y nuestro corazón, de forma que su historia de amor se ha ido entretejiendo en el propio devenir de nuestras vidas, construyéndonos y transformándonos con el paso del tiempo… La sociedad española ha cambiado mucho desde aquel 18 de abril de 1956. Para bien, por supuesto, porque nunca dejaré de decir que esta actual es la mejor versión, jamás soñada, de la misma. Sí, siempre les digo que, para mí, cualquier tiempo pasado seguro que fue peor. Pero afirmar eso no es óbice para identificar algunos riesgos y retos concretos que es importante no perder de vista, y creo que los correspondientes al futuro más próximo son bastante evidentes. Pienso que en anticiparnos a ellos y saber darles solución está la llave para prevenir mucho desasosiego...

Y es que vivimos en una época donde la soledad no deseada y el desapego empiezan a ser importantes en nuestro grupo humano. Si algo definía a la sociedad del siglo XX de los países del sur de Europa era precisamente la permanencia de estructuras familiares fuertes, que dotaban de ese apego y de una importante red de protección a los individuos, aunque por supuesto esto tuviese su cara “b”. Pero esto, no cabe duda, ha ido a menos en nuestra sociedad posmoderna y líquida del siglo XXI. Y hoy, sin llegar a las tasas de desapego de Europa Central, la cosa está mucho peor en tal sentido. Hemos ganado en diversidad y en respeto a la individualidad, lo cual es fantástico, pero muchas veces a costa de una mayor indiferencia, no tanto por un verdadero sentimiento de empatía basado en la consideración hacia el otro. Hemos crecido en pluralidad, pero estamos perdiendo el sentimiento aglutinador y cada vez hay más personas desesperadamente solas. Y no me refiero, claro, a quien opte conscientemente por vivir más separado de los otros, sino a quien vive esto como una carga o un problema, que no son pocos individuos ya.

No sé cómo será nuestra vejez, queridos y queridas, pero estoy seguro que mucho menos dulce -en general- que la de nuestros mayores. Más aséptica, quizá, más orientada al cuidado pero con menos afectos. Y eso me preocupa, no tanto en primera persona como porque ello dirá mucho de nosotros y de nuestras relaciones y formas de vida… Es por eso, supongo, que sigo mirando al 18 de abril como un día especial, cuyas consecuencias mis hermanos y yo tuvimos la dicha de vivir en primera persona… Un 18 de abril bonito, que encarna el aroma de la luz y la primavera...


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