La sardina que no sentó cátedra
El profesor suspiró, porque no podía calificarse de otra manera su mezcla de resoplido de resignación, con cierta cara de sorpresa. Se apresuró a auxiliar al chaval, intentando que las cosas no se complicasen todavía más. Las sardinas, pescadas aún hacía escasas horas, estaban cuidadosamente depositadas en una batea o bandeja encima de la impoluta mesa del laboratorio, al lado del escalpelo, algunos portas y cubres y cerca de la lupa. Todo ello, en su pulcritud, contrastaba con el charco de vómito que tapizaba las escasas baldosas libres de las zapatillas deportivas de los compañeros del chico que se había sentido mal. Y es que ahí estaba todo el grupo, un tanto apiñado hasta ese mismo momento, intentando conocer más en detalle los matices del cuerpo del pescado, cuando el mero tacto del mismo había producido las arcadas… Otro resoplido más del profesor, que encargó a alguien que fuese a por la fregona, el cubo y una buena dosis de detergente…
La idea era que los chicos y las chicas no se quedasen en la teoría, y viesen por ellos mismos las estructuras propias de ciertos peces. De la sardina europea o sardina común (Sardina pilchardus) más en concreto, una especie del orden de los clupeiformes, de la familia Clupeidae y única en su género de las........
