La Luna de las conspiraciones
Medio siglo después de que el hombre pisara por primera vez la Luna, queda aún gente que niega aquella proeza y la reputa de bulo. La NASA vuelve ahora a las andadas, si bien los astronautas del Artemis II no van a bajar al satélite como sucedió entonces. No pasearán esta vez por la superficie lunar, detalle que reaviva las teorías de la conspiración.
Los que no se creen nada han publicado numerosos libros para desmentir el alunizaje. Alegan que la bandera americana plantada por Neil Armstrong, émulo de Colón, ondeaba sin aire alguno que lo justificara; o que la sombra del astronauta la proyectaban los focos de un estudio de rodaje.
A esas conjeturas hay que agregar todavía el dato de que la expedición del Apolo 11 no encontrase rastro alguno de gallegos en la Luna. No es una circunstancia menor, si se tiene en cuenta que los galaicos están en todas partes y ya corrían por entonces rumores de que habían establecido allá un Centro Gallego. Quizá la Artemis los aviste ahora en la cara oculta del satélite.
También la Sociedad de la Tierra Plana impugnó desde América la veracidad del viaje lunar, arguyendo que en las fotos supuestamente tomadas desde la Luna se veía, al fondo, una Tierra de lo más redonda. Clara evidencia de que todo era una engañifa.
La más elaborada teoría apunta a que la llegada a la Luna fue en realidad una puesta en escena dirigida por Stanley Kubrick, genial cineasta que habría usado para la ocasión algunas técnicas de montaje de su 2001, una odisea en el espacio.
La hipótesis fue analizada en un documental francés bajo el título de Operación Luna, en el que se aportaban testimonios auténticamente falsos del exministro de Exteriores americano Henry Kissinger, el de Defensa, Donald Rumsfeld y el de un director de la CIA. E incluso el de la viuda de Kubrick.
Poco importó que en las imágenes finales se observase a varios de los participantes bromeando sobre el contenido humorístico del documental. La mala costumbre de abandonar el cine antes de los títulos de crédito de las pelis propició que muchos espectadores se lo tomasen en serio. Tanto que, durante años, los conspiranoicos lo siguieron citando como fuente de autoridad para sus teorías negacionistas.
Se ignora, en todo caso, para qué se han gastado 93.000 millones de dólares la NASA y sus asociados en el envío de la tripulación que estos días anda dando vueltas alrededor de la Luna. La primera expedición de 1969 respondía, ciertamente, al duelo espacial que hace cincuenta y tantos años mantenían USA y la URSS: los dos grandes imperios del momento. Pero eso ya es historia.
Desaparecida la Unión Soviética, no hay razón aparente para que los yanquis sigan compitiendo por demostrar quién tiene el cohete más largo. Salvo que los chinos, siempre tan discretos, estén urdiendo alguna hazaña espacial de la que nada sabemos aún. La Luna abunda en misterios.
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