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La tierra de Carreño en la que Silveiro y Gisele plantan 17.000 lechugas a la semana

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28.06.2026

La tierra de Carreño en la que Silveiro y Gisele plantan 17.000 lechugas a la semana

Silverio Ramón Prendes y Gisele Fernandes de Almeida, que se lanzaron al cultivo hortícola viniendo de otros sectores, superaron los obstáculos del camino para llegar a una plantación de seis hectáreas que vende a grandes supermercados y amplía sus instalaciones: "Deberíamos cuidar más nuestros sector primario", reivindican

Casa Agustín,“revolución agrícola” a golpe de lechuga en Carreño

Irma Collín/ Amor Domínguez

Al salir de casa, Silverio Ramón Prendes y Gisele Fernandes de Almeida ven a veces el mar y siempre lechugas. Muchas lechugas. Miles de lechugas dando brochazos de distintos matices de verde al paisaje que enmarca su casa en la parroquia de Piedeloro (Carreño). La vivienda está rodeada por todas partes de seis hectáreas de tierra en la que en esta época se plantan 17.000 a la semana.

En primavera y verano, la abundancia de horas de luz las dejará listas para cortar en aproximadamente un mes y en condiciones normales sólo se malogrará entre el 5 y el 10 por ciento de las plantadas. En invierno tardarán tres meses y se consumirán y plantarán menos, pero ésta es temporada alta de consumo y de carga abundante de trabajo en Agrícola Casa Agustín. La finca ocupa una suave loma elevada donde la vista alcanza el mar en los días sin bruma y donde Ramón y Gisele quisieron situar la línea de llegada de un proyecto de vida que no fue siempre en línea recta ni cuesta abajo, pero que trece años después del primer día da trabajo al matrimonio propietario y a cuatro empleados más, vende su género sin pausa a grandes cadenas de supermercados y ya maneja planes para ampliar sus veinte invernaderos con otros nueve.

Esta tierra que ahora combina el verde intenso de las lechugas "trocadero" y "batavia" con el rojizo burdeos de las "hoja de roble" fue el destino del viraje de 180 grados que Silverio Ramón le dio a su vida laboral cuando trabajaba en la sección de herramientas de Leroy Merlin. La tierra es la de sus padres, que ya se dedicaban a la agricultura aquí, aunque de forma más modesta, y él llegó a la conclusión, en los primeros años de la década pasada, de que quizá no hubiera otro momento. "O alguno de los hermanos cogía esto o esto se acababa" y se lanzó él, compatibilizando los dos trabajos hasta que la huerta empezó a facturar más que las cuarenta horas a la semana con las herramientas.

Primero solo y después en compañía de su esposa, que estaba embarazada de su primera hija, Prendes pronunció un "ahora o nunca" que le acabó trayendo de vuelta a casa. Regresó a Casa Agustín, el nombre que siempre tuvo esta finca sin que nadie sepa muy bien quién era Agustín pero que él conservó para la empresa que profesionalizó la actividad agrícola de sus padres.

Arriba, Silverio Ramón Prendes recoge una de sus lechugas. Abajo, Daniel de Óleo Ogando, en plena faena / Irma Collín

Ahora le parece simbólico haberse despedido un 1 de........

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