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Pepe Rionda Benito, expresidente del Confía Balonmano Base Oviedo: "Que un club creado solo para que no desapareciese la cantera subiese a Plata costó, pero fue una explosión de alegría"

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02.03.2026

Pepe Rionda Benito, expresidente del Confía Balonmano Base Oviedo: "Que un club creado solo para que no desapareciese la cantera subiese a Plata costó, pero fue una explosión de alegría"

"En Ciudad Naranco jugábamos al fútbol en un solar y los postes de la luz eran porterías; cuando tenía 12 años formamos un equipo"

Pepe Rionda, en las gradas del polideportivo de Vallobín. / Irma Collín

Pepe Rionda Benito (Oviedo, 13 de enero de 1946) acaba de dejar la presidencia del Confía Balonmano Base Oviedo tras 32 años en el cargo. Se embarcó en la aventura en 1993, contribuyendo a fundar el club que compite a mayor nivel masculino en la región y que bajo su batuta llegó a División de Honor Plata, la segunda categoría nacional. Rionda desembarcó en el balonmano por casualidad de la mano de un amigo y se marcha tras un gran homenaje.

La infancia. "Nací en el barrio de Ciudad Naranco. Mi padre, Benjamín, fue confitero en Camilo de Blas. Allí empezó a trabajar y allí se jubiló. Mi madre, Ana, regentó una churrería, que era muy conocida y se llamaba Churrería Naranco. Después, en el mismo local puso un bar. Tengo una hermana. Fui al colegio que estaba en la calle General Elorza (Grupo Escolar 4.º Distrito) y luego pasé al instituto de la calle Santa Susana, el Alfonso II. Fue una época maravillosa con una convivencia con los compañeros del colegio muy buena. Éramos muchos y jugábamos en un patio muy grande que tiene el centro y que se ve desde la calle. Disfrutábamos mucho. Pasábamos casi todo el tiempo de ocio en la calle".

El fútbol. "En Ciudad Naranco jugábamos al fútbol en la zona de Nicolás Soria, en un solar en el que las dos porterías eran dos postes de la luz. Ya cuando tenía 12 años creamos un equipo en el barrio, de amigos. Jugábamos al fútbol en el prao de los soldaos con chavales de otros barrios, de Pumarín, de Económicos… Comprábamos las camisetas para ir todos iguales y en los partidos no había árbitro. En el Naranco había muchos praos para jugar, como el de Villar o el de San Pedro de los Arcos".

La vida en el barrio. "Los estudios no iban muy allá y empecé a trabajar muy pronto. Estuve, primero, haciendo recados en la Farmacia Migoya, frente a Camilo de Blas, y pasé después a la Farmacia Azpiri. Después, trabajé a un almacén, que se llamaba Ceñal y Zaloña, que tenía la entrada principal en la calle Cimadevilla y con acceso para las mercancías por la calle del Peso. Más tarde, pasé a dependiente y acabé de viajante, vendiendo productos de farmacia, medicamentos y artículos de droguería y perfumería. De allí me fueron a buscar de Cristales Dilsa, donde era viajante".

El servicio militar. "Con 18 años me incorporé a la mili voluntariamente. La hice en Oviedo, en el Milán, y como estaba de asistente, o sea haciendo recados, para el teniente Curto tenía tiempo libre y seguí como viajante. Un pariente me metió en aquella época en el ramo de peluquería de señoras. Entonces los locales estaban en los pisos, no en los bajos. ¡Qué vergüenza pasaba …! Pero fui vendiendo..."

En la empresa de los lacasitos. "Al final acabé en Caramelos Mauri, donde estuve unos cuantos años. Pero la empresa fue a menos y la compró Chocolates Lacasa, la de los lacasitos y los conguitos. Y ahí estuve de delegado, hasta que me jubilé. En esa empresa trabajé 25 años. Era responsable de ventas, área en la que trabajaban media docena de compañeros, y tenía una oficina a mi disposición".

Pepe Rionda con su hija mayor, Ana. / LNE

La incorporación al Naranco. "Cuando estaba en Caramelos Mauri me encontré con un amigo, Antonio Junquera, que también era viajante y presidente del Naranco de balonmano. Yo estaba muy metido como aficionado con el Cibeles, el equipo de hockey sobre patines, pero él creyó que yo estaba en la directiva porque iba a muchos desplazamientos, entre ellos a varios que hicieron a Portugal. Junquera quería que le ayudase en el club, pero le expliqué que yo solo era un aficionado. Insistió y fui al Naranco, donde ejercí como delegado, aunque hacía labores variadas porque atendía a los del equipo y a los de afuera. Entre las tareas estaba la de ir a una lavandería de Santa Susana con la ropa para que la lavasen y recogerla. Y así me fui aficionando y cogiendo cariño a todo........

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