En legítima defensa política
Después de proclamar su ateísmo y su posterior fingida conversión hasta expeler aroma de santidad y jurar hasta con los dedos de las patas: “soy más uribista que doña Lina y que Tomás y Jerónimo”, vemos a Abelardo regresando a su declaración inicial de “no soy uribista porque no soy perro de nadie”, aunque luego contrarreculó para ofrecerle zalameramente su vicepresidencia al patrón: “No tiene sentido tener al Messi de la política en la banca. Sería la fórmula ideal. Reconozco su grandeza y me serviría mucho para gobernar”.
Simultáneamente las bodegas del que llevó a la Registraduría más de 3`000.000 de firmas falsas están sedientas por devorar al comandante de los uribestias hoy metamorfoseados en........
