Caramelos chinos bocaditos truculentos
Solíamos ir a caminar por el Barrio Chino y la calle Capón, como antesala a una ronda de cerveza en el Cordano, en el centro de Lima. No obstante el tumulto de Capón, que había que sortearlo con saña y buen humor, disfrutábamos de los olores de las frituras, los aromas de los inciensos y la nutrida chinería que teníamos a mano, mediante los vendecositas. Caminábamos despacio. Oswaldo sonriente y yo fascinado por lo chinesco-peruano que se operaba en esa callecita en la que dominaba el color rojo y los símbolos de un mundo oculto entre el comercio y la bondad del opio. O eso creíamos.
Íbamos en busca de los market........
