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Y volverán los oscuros fascistas

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18.09.2026

Después de la II Guerra Mundial, la economía, basada en la reconstrucción de Europa, la carrera armamentística y las prebendas otorgadas a los trabajadores para ahuyentar el fantasma del comunismo, obraban el milagro de parecer que no importara quien pudiera gobernar, derechas o izquierdas, liberales o socialdemócratas. Incluso dictaduras como España y Portugal se codeaban y convivían sin problema con las democracias.

Hasta ahora y no sin esfuerzos, en general, Occidente todavía vive de los rescoldos de aquella época. Seguimos disponiendo de todo cuanto se necesita para una vida más que confortable.

La mayoría tienen su mejor o peor trabajo; llegado el verano, muchos disfrutan de vacaciones a pesar de los precios de hoteles y combustible; se agotan los aires acondicionados para mitigar las olas de calor; por supuesto disfrutamos de educación pública y de salud universal; las terrazas de los bares se ven llenas; los centros comerciales, abarrotados; quien más o quien menos tiene su coche, que si no puede ser nuevo, es de segunda mano; la mayoría tiene su vivienda, si no en propiedad, al menos, en alquiler; los pensionistas siguen cobrando su pensión, aunque a algunos les sobre y otros no lleguen…

Y digo en general porque no hay que olvidar que, según el INE, en el Estado español el 25,7% de la población se encuentra en riesgo de pobreza o un paro de larga duración (más de 12 meses) que atrapa al 48,4% de los mayores de 45 años.

Pero en lo que parecía un cielo despejado y calma chicha, han aparecido nubarrones en el horizonte, tales como insaciables multinacionales, grandes fondos carroñeros, interminables conflictos internacionales, países en lucha despiadada por el control de recursos (energía, minerales, agua, tierras raras…), nubarrones que consideran que sus beneficios son insuficientes, que las prebendas otorgadas a la ciudadanía son demasiadas y que los recursos disponibles no alcanzan.

Esos nubarrones, a unos pocos no les inquietan, pues ellos mismos son quienes dirigen esas multinacionales, gestionan esos fondos o quienes provocan esos conflictos. En cambio, a la mayoría, esos nubarrones nos dan miedo, nos asustan, seguramente porque tienen un reflejo muy claro en nuestra vida diaria y vamos siendo conscientes de........

© La Marea