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La gesta patriótica de no querer acoger

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20.08.2026

Este artículo se publicó originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en catalán aquí.

Unas 50.000 personas entraron en Ceuta en cuestión de horas, en una ciudad de poco más de 80.000 habitantes. A primeros de agosto se habían encontrado allí 88 cuerpos y todavía hay numerosas personas desaparecidas. Sigue habiendo menores durmiendo en la calle; lo reconoce el propio Gobierno español, que dice que está trabajando en ello. La ciudad atiende ahora a un millar, cuatro veces más que 15 días atrás, en naves industriales habilitadas a toda prisa.

Por qué pasó aquello en la frontera sur pide otra pieza y otras fuentes. Está el Sáhara, la visita de Sánchez a Argel y el gas argelino, una sentencia del Supremo del 29 de junio sobre las devoluciones en caliente, los intereses israelíes y norteamericanos y, sobre todo, veinte largos años de encargar la vigilancia de la frontera europea al vecino del sur y de descubrir después que el vecino decide él solo cuándo mirar hacia otro lado.

Lo que ha pasado en Cataluña, en cambio, no necesita esta lectura geopolítica. Junts y Aliança Catalana llevan semanas calculando cuántos votos pueden valer esos críos. Pero vayamos por partes.

El pacto que ahora no existe

En abril de 2025 el Congreso convalidó la reforma de la ley de extranjería que hace obligatorio el reparto de menores migrantes solos entre comunidades autónomas cuando hay una «contingencia migratoria extraordinaria». El reglamento que lo concreta está vigente hasta marzo de 2027, y prevé que, si las comunidades se niegan, actúe de oficio la fiscalía de menores. El reparto pondera población y renta per cápita. El........

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