Nosotros ya no somos los mismos
Me da muchísima pena confesarlo, pero más me daría no hacerlo y aguantar toda serie de gracejos y cuchufletas ante el descubrimiento de lo que inútilmente trataba de ocultar. Mejor me adelanto y confieso, confiado en que mi sinceridad y arrepentimiento podrán granjearme un dejo de comprensión, que hace ya algunas columnetas el azoro y la perplejidad comenzaron a invadirme ante el acontecimiento de sucesos que resultaban imposibles de darse en la vida real y que, pese a tenerlos frente a mí, insistía en darlos tan sólo como resultado de mi delirante caletre. Las evidencias, en poco tiempo, vencieron todos los argumentos y testimonios con que combatía mi afirmación: Trump existe, a pesar de que no concibo un hombre como el que me describen y al que se le achacan pensamientos, opiniones y acciones abiertamente descerebradas. Me resulta ahora asombroso corroborar que el sujeto de la acción no sólo........
