Leer a los clásicos
Esto siempre es un bueno, pero el mandamiento de “leer a los clásicos” en tiempos de la filtración de los archivos de Epstein y el colapso del “orden basado en reglas” ocasionado por la voracidad imperial estadunidense y los afanes de Donald Trump de llevar su presidencia como un proyecto personal de negocios y desarrollo inmobiliario: riviera en Gaza, petróleo de Venezuela, inversiones en Groenlandia, etcétera; acontecimientos para nada desconectados, ya que ambos apuntan a lo ficticio de todas las “reglas” que no aplican a los ricos, los fuertes y los poderosos –y con el “imperio Epstein” funcionando, en práctica, como una franquicia del control global estadunidense−, puede ser una de las pocas cosas capaces de salvarnos de una locura total.
No es un llamado al escapismo. Cada vez que leo más los mails de Epstein y sus acólitos simpatizo más y más con los llamados a “que habría que ejecutar públicamente a todos los que aparecen allí” (bueno, salvo a Norman Finkelstein, lean su mail, es una joya), o los lamentos de que “se echan de menos los tiempos cuando los bolcheviques simplemente fusilaban a todos” (curiosamente hoy buena parte de los “nuevos bolcheviques”, como la anticomunista tardía Anne Applebaum tilda sesgadamente a los nuevos autoritarios, están, con el supuesto “leninista” Steve Bannon y el mismo Trump a la cabeza, en los Epstein files). Sólo digo que la lectura de los “clásicos” puede ayudar.
Italo........
