Sanatorio/cárcel para Trump
Bastante peor que entrar a una guerra sin saber porqué hacerlo, es hacerlo con miradas y propósitos equivocados. Eso le pasó a Donald Trump en su agresión a Irán. Lleva semanas amenazando con destrucciones infernales, edades de piedra y acusando de lunáticos y bastardos a los dirigentes iraníes. Todo ello apunta hacia ningún lugar, aunque, también, a su desesperación por elusiva victoria. No sabe como obligar a sus oponentes a plegarse a sus caprichos momentáneos y torpes, acostumbrado, como parece estar, a capitalizar gratuitamente temores o francos miedos de sus contrapartes. Aunque ahora no le parecen funcionar sus muecas, gritos y espavientos. Y lo que es peor: no sabe evaluar el momento que vive su guerra, la propia y, por derivada consecuencia, la de los demás.
Cierto es que, en su zigzagueante trayectoria guerrera, vaya dejando insensata destrucción a su paso. Nunca esperó, menos sopesó, el costo humano de su aventura guerrera. Simplemente se lanzó al ruedo siguiendo los empujones israelíes. Meterse en peleas ajenas es uno de los peores consejos que se puedan recibir, y precisamente así lo hizo Trump.
Fue a combatir en terreno por completo ajeno, y con armas por demás desiguales. Los costos........
