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Cinismo imperial

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01.07.2026

Los daños de los terremotos simultáneos en Venezuela son inmensos e inmerecidos. Pero los recursos, de variada clase, indispensables para atenderlos y recuperarse de tan grotesco mal, son sumamente escasos. La pronunciada escasez viene de lejos, aunque buena parte surge del truculento presente también. Codiciosas miradas de una inclemente superpotencia mundial han sido, al mismo tiempo, altivas, insensibles y arrogantemente interesadas en desterrar la creciente influencia china. 

No se puede ignorar, tampoco, el dañino influjo de la corrupción que emana del piratesco talente estadunidense, mezclado con la irreflexiva ambición interna de la élite local. La pasión central, sin contemplación que valga una reflexión de sano propósito por este ahorcado país, ahora en honda desgracia, era y aún es, la pretensión de apropiarse de sus recursos mineros. Un caudal inmenso de petróleo crudo corre en las entrañas de Venezuela. Se empareja con otros muchos minerales de gran valor. Nadie, ningún país, se hace merecedor de esta bíblica plaga que le cayó de repente. 

Parte en la forma de furia natural, acompasada por la dura mano que maneja hilos de poder a escala mundial. Ni........

© La Jornada