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Grave derrape de la IA

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02.03.2026

Sam Altman es un hombre de 40 años. Subido a la cima de la industria de la inteligencia artificial. Su empresa, OpenAI, está en la vanguardia del desarrollo de esta tecnología, en el segmento de la implementación y gestión de soluciones técnicas. 

La descripción de la empresa asienta que su misión es “asegurar que la inteligencia artificial general –sistemas de inteligencia que en general son más inteligentes que los humanos– beneficie a la humanidad”. Ciertamente, una afirmación enrevesada. 

Vaya propósito. Una elaboración, la de Altman, digna de un estudio multidisciplinario –con énfasis sicológico– para considerar y analizar los objetivos que declara y, también, al personaje mismo que lo expone. 

Como propuesta tiene un rasgo de descaro. Como objetivo no es poco lo que se propone Altman y es, además, indicativo del ambiente extrovertido al extremo y hasta desbocado que prevalece hoy en esa industria. La inteligencia humana subordinada abiertamente a la inteligencia artificial, ésa es la oferta que nos propone Altman junto con sus colegas del sector. Y a pavonearse de la misión salvadora que se ha........

© La Jornada