El Gol del Siglo no ha terminado / El último de la banca
Aquel domingo en el entonces Distrito Federal, Maradona despertó más temprano de lo que acostumbraba. Era un amanecer espléndido aquel 22 de junio de 1986 y Diego estaba de un humor inmejorable. En la frugalidad de su pequeña habitación en Coapa, de ladrillo expuesto y con apenas lo básico, destacaba una Virgen de Luján que había traído desde Buenos Aires. Después, con la ceremonia de los días de fiesta se bañó y se afeitó; con la frescura en el ánimo se dirigió a desayunar con sus compañeros de la selección argentina.
El desayuno en aquellos días, además de tostadas y café, incluía Coca-Cola. En esas épocas no era extraño que un deportista tuviera una dieta poco atlética y había quienes hasta relajaban los nervios con las sedosas volutas del humo del cigarrillo. Hay quien asegura que Maradona pidió un sándwich de mortadela para empezar el día.
A contracorriente, como siempre, el ánimo del Diego contrastaba con el insomnio común de los futbolistas previo a un partido importante. Algunos de sus compañeros –recuerdan al paso de los años– durmieron muy poco y otros, como el entrenador Bilardo, apenas se lo permitieron un par de horas. La ansiedad de lo que venía y la adrenalina que bombeaba en sus cuerpos hacía imposible conciliar el sueño.
Ese mediodía jugaban en el estadio Azteca un partido cargado de símbolos y tensiones. Además, en lo estrictamente competitivo, era la cita de los cuartos de final del Mundial de México 86. De todas las........
