La nueva era imperial de EU/Joseph Stiglitz
El presidente estadunidense Donald Trump ha atraído una ola de críticas por sus acciones en Venezuela, violaciones al derecho internacional, desdén por normas establecidas y amenazas contra otros países, incluso aliados, como Dinamarca y Canadá. En todo el mundo existe una palpable sensación de incertidumbre y premonición. Pero ya debería ser obvio que las cosas no terminarán bien, ni para Estados Unidos ni para el resto del mundo.
Nada de esto constituye una sorpresa para muchos en la izquierda. Todavía recordamos la advertencia de despedida del ex presidente Dwight Einsenhower, referente al surgimiento de un complejo industrial-militar a partir de la Segunda Guerra Mundial. Era inevitable que una nación cuyo gasto militar era igual al del resto del mundo combinado llegara con el tiempo a utilizar sus armas para dominar a otros.
Sin duda, las intervenciones populares se volvieron cada vez más impopulares después de las malhadadas incursiones estadunidenses en Vietnam, Irak, Afganistán y otras partes. Sin embargo, Trump nunca ha mostrado mayor preocupación por la voluntad del pueblo estadunidense. Desde que entró en la política (y con seguridad desde antes) ha considerado estar por encima de la ley, alardeando de que podría dispararle a alguien en la Quinta Avenida de Nueva York sin perder un voto. La insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio –cuyo aniversario acabamos de “celebrar”– mostró que tenía razón. La elección de 2024 reforzó el control de Trump sobre el Partido Republicano, al asegurar que no hará nada para obligarlo a rendir cuentas.
La captura del dictador venezolano Nicolás Maduro fue descaradamente ilegal e inconstitucional. Como intervención militar, requería el conocimiento previo del Congreso, si no su aprobación. E incluso si se estipulara que se trataba de un asunto de “aplicación de la ley”, el derecho........
