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México: el neogolpismo avisa

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23.06.2026

Uno. No todo embajador de Estados Unidos es, o ha sido, agente de la CIA. Sin embargo, desde mucho antes de su constitución como nación, ambos cargos han respondido a una causa común: salvar a la humanidad invocando a la Divina Providencia, el Destino Manifiesto, la doctrina Monroe (o Donroe), y demiurgos empecinados en descubrir el algoritmo de la inmortalidad (Peter Thiel), o la semilla para sembrar vida en Marte (Elon Musk). 

Dos. Y fíjese cuán consecuentes han sido. Por ejemplo, en los albores del capitalismo, un predicador puritano de Massachusetts, John Cotton (1585- 1632), dijo: “Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, sino es un por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas, a menos que los nativos obraran injustamente con ella. En este caso, tendrán derecho a librar, legalmente, una guerra con ellos y a someterlos” (1630). 

Tres. De ahí, saltando siglos, la atinada percepción del heroico periodista Manuel Buendía en la conferencia comentada en la última entrega: “Es inevitable que exista una relación oficial entre la CIA y su correspondiente mexicana. Pero la CIA se mueve en dos pisos. Y lo que ocurre en un piso abierto a los funcionarios mexicanos, es lo menos........

© La Jornada