Se incendia la pradera
Escribo con profundo interés y respeto. Lo hago con objetividad y reflexión. Es esa intención la que me permite usar el título que he escogido para este texto. Sí, arde el pasto, no sólo nuestros metafóricos pastos, si no los de la mitad del mundo al menos. Pocas veces, de no ser las dos grandes guerras y otros graves conflictos regionales, el mundo ha estado al borde de tal desconcierto y poca esperanza.
Pero nuestros pastos son nuestra primera preocupación y ellos arden incendiados por la vulgaridad, ignorancia y avaricia de conspicuos dirigentes nacionales. Pocos países de mediano desarrollo como el nuestro podrían ofrecer al mundo una exhibición de mediocridad política y ausencia de ética como la que estamos proyectando.
Todos los días, las noticias de una nueva lamentación hace desaparecer el peso negativo del naufragio anterior. Todos los días nos amanece un cielo cargado de bajezas. A diario los ruines anuncian y cumplen que ese día será peor que el de ayer. Son realmente fatigosos. Esta es una situación anímica cotidiana porque la verdad de fondo, la que debiera angustiarnos más, es el conjunto de desdichas que están conduciendo al país por rutas al imposible........
