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El recorte como acto de libertad

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01.07.2026

Cuando Garrincha recibía el balón por la banda derecha, algo se detenía. No era una pausa táctica: era un sujeto decidiendo, en tiempo real y por cuenta propia, qué hacer con una libertad que nadie más en la cancha –ni su entrenador, ni el rival, ni el sistema táctico que lo rodeaba– controlaba del todo. “La alegría del pueblo” no jugaba desde un plan: jugaba desde el instinto de quiebre repetido, casi ritual, que desordenaba una y otra vez la geometría del partido. 

Esa estirpe del desborde individual –Maradona y su conducción imposible, Ronaldinho y su repertorio inagotable de quiebres, Jairzinho desbordando por la banda camino al título de 1970, Zico inventando espacios donde no los había– encarna algo que hoy resulta casi arqueológico: un margen de autonomía creativa dentro del juego colectivo, un espacio de indeterminación que el equipo entero dependía, en última instancia, en respetar. 

Ese margen se ha reducido de manera notable. El futbol de élite que se juega en el Mundial de 2026 –el de la posesión-presión, el del posicionamiento milimétrico calculado por analítica de datos, el de las instrucciones que llegan a la banca en tiempo real vía auriculares– ha ido sustituyendo buena........

© La Jornada