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Miguel Sabido: El teatro sagrado/Elena Poniatowska

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24.05.2026

Los 88 años de Miguel Sabido no han pasado en vano y siguen retumbando en el escenario del gran teatro del mundo. La dramaturgia fue el camino que Sabido eligió desde niño, ya que su tío Rodolfo Usigli lo envolvió en el telón de terciopelo rojo que se abrió sobre su talento y su incansable persistencia. Escritor, poeta, teórico de la comunicación y pionero del entretenimiento educativo al hacer programas con notable contenido social, Sabido es precursor de una época donde también el teleteatro en México divulgó obras esenciales de la literatura universal. Sacerdote que oficia misa de gran solemnidad, Sabido figura en el libro de Olga Harmony, Ires y venires del teatro mexicano”, sobre la creación de una gran escuela a la que pertenecieron actores de la talla de Luis Gimeno, Beatriz Sheridan, Ofelia Guilmáin, Carmen Montejo, Ernesto Alonso (el Señor Telenovela), Brígida Alexander, Antonio Passy y otros notables. Por ello, hablar de Miguel Sabido es anunciar: “tercera llamada: comenzamos.”

–Miguel, ¿por qué te fascinó hacer teatro en grande en escenarios a cielo abierto o en templos novohispanos que hoy recordamos como ceremonias históricas?

–Porque soy megalómano. La primera obra profesional que dirigí fue adentro de la iglesia de Tepotzotlán, porque a mí los teatros me quedan chicos. Yo me apropio de iglesias, atrios, plazas públicas. A mí, la tragedia griega me jala y busco el gran gesto desaforado y masivo. Rodolfo Usigli era mi tío. Yo soy lo más contrario al teatro realista mexicano. ¿Y sabes por qué, Elena? Porque mi papá fue un indígena que aprendió a hablar español a los 13 años y me llevó a bailar a Chalma cuando apenas tenía 6, para que aprendiera la danza de los Doce pares de Francia y cantara alabanzas.

–¿Por eso escribiste Teatro sagrado, publicado por Siglo XXI?

–El primer teatro que vi fue suntuoso, prodigioso. Cuando era niño, el mundo indígena todavía no había sido objeto turístico. Chalma era un lugar sagrado; allí descubrí el magno teatro de México, gigantesco. En tiempos de Uruchurtu, yo quería montar una obra en Santo Domingo, donde está la Secretaría de Educación Pública, y me negaron el permiso, entonces fui a Tepotzotlán y me dejaron ahí encerrado una noche. Me acosté en el suelo a contar angelitos y de repente se me echó encima la iglesia, literalmente me poseyó.

–¿Cuáles son tus amores en el teatro?

–Yo quiero a Juana La Loca, quiero a Guadalupe Amor en Bellas Artes, pero la quiero gigantesca. Quiero........

© La Jornada