menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El ocaso del imperio estadounidense en el Golfo Pérsico

19 0
30.06.2026

El pasado 16 de junio el presidente de los EEUU firmó un memorándum de entendimiento con la República Islámica de Irán. Con un tono triunfalista que intentaba ocultar la magnitud de la derrota, Trump instó a los navíos del mundo a encender sus motores y permitir que el petróleo fluyera de nuevo.

Este epílogo, marcado por la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval, representa la constatación empírica del agotamiento estructural de la política exterior estadounidense en la región, desmintiendo cualquier lectura que lo presente como un triunfo de la diplomacia.

Al celebrar un acuerdo con el mismo país que juró erradicar apenas seis meses antes, Washington ha renunciado en silencio a su exigencia inicial de cambio de régimen, revelando la quiebra de un paradigma imperial que creyó poder someter la geografía y la historia mediante la pura coerción militar y la ingeniería social.

Para comprender la magnitud de este fracaso, resulta imperativo diseccionar las bases materiales sobre las que se ha construido la presencia estadounidense en el Golfo Pérsico. Durante décadas, la comprensión occidental de esta masa de agua se ha articulado en torno a una lógica estrictamente extractivista y logística.

El Golfo Pérsico ha sido concebido fundamentalmente como un corredor de tránsito, una autopista marítima diseñada para garantizar el flujo ininterrumpido de hidrocarburos hacia los nodos de consumo del capitalismo global. Por este estrecho circula diariamente cerca del 20% del petróleo global, lo que revela la vulnerabilidad sistémica de una economía dependiente de un único nudo logístico.

Esta visión reduccionista transformó la geografía de la región en un vasto proyecto de ingeniería espacial. En la costa árabe, este imperativo económico se materializó a través de un urbanismo petrolero y logístico sin precedentes. Ciudades enteras, puertos de aguas profundas, islas artificiales y zonas francas fueron erigidas para servir de interfaz eficiente entre la renta del subsuelo y los mercados financieros internacionales, comprimiendo el tiempo y el espacio en favor de la acumulación de capital.

Este dispositivo espacial requirió, a su vez, una arquitectura de seguridad paralela, un urbanismo marcial que se superpuso al paisaje local. Las bases militares estadounidenses, los sistemas de defensa antimisiles y los puertos de aguas profundas para los portaaviones funcionaron como nodos de una red de control destinada a proteger los flujos mercantiles.

La primacía estadounidense en el Golfo Pérsico debía, en teoría, hacer de la región un espacio seguro para la economía mundial. En la práctica, produjo exactamente lo contrario: una arquitectura de seguridad que ha........

© La Haine