menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La clase trabajadora vuelve a imponer límites en Bolivia

18 19
07.02.2026

«¡Fuerza, fuerza, fuerza! ¡Fuerza, compañeros!», gritaba un hombre con casco de minero a través de un megáfono. Marchando por las calles soleadas y envueltas en una nube de ruidosos petardos, miles de mineros, trabajadores, campesinos, asociaciones de la sociedad civil y organizaciones indígenas de Bolivia se congregaron en la ciudad de La Paz en enero en la mayor movilización social de los últimos cinco años. Más allá de la ciudad, los bloqueos de carreteras liderados por sindicatos locales paralizaron casi por completo el transporte en todo el país. En las calles, el lema era «Bolivia no se vende».

Las protestas masivas contra el decreto ejecutivo del régimen conservador del recién elegido Rodrigo Paz duraron casi un mes. Aunque se presentó como la eliminación del subsidio al combustible, que mantiene los precios de la gasolina artificialmente bajos, el Decreto 5503 también habría privatizado recursos naturales clave y aplicado una amplia gama de medidas de austeridad.

La impresionante demostración de poderío de los trabajadores, combinada con una eficaz estrategia de negociación de la confederación sindical, la Central Obrera Boliviana (COB), obligó al régimen a dar marcha atrás, anunciando que redactaría un nuevo decreto de acuerdo con los sindicatos que se oponían al decreto original. Si bien el subsidio al combustible no volverá, se logró poner un freno a las otras políticas neoliberales del decreto.

«Podemos decir con orgullo: "Deber cumplido, pueblo boliviano. El objetivo se ha logrado, compañeros"», declaró el líder de la COB, Mario Argollo, tras las negociaciones. Lo que demuestra la victoria de la COB es que, aunque el Movimiento al Socialismo (MAS) haya sido aplastado como fuerza electoral el año pasado luego de dos décadas en el poder, sus movimientos sociales se han recalibrado desafiando el dominio de la derecha.

Decreto 5503

Es revelador que el subsidio al combustible, un tema explosivo en la política boliviana, resultara ser uno de los menos polémicos del decreto de Rodrigo Paz. Dada la profundización de la crisis económica del país, los actores de todo el espectro político parecían estar de acuerdo en que su tiempo había pasado.

La historia del subsidio al combustible es larga y controvertida. Fue introducido por primera vez en 1997 por el exdictador Hugo Banzer, durante su segunda presidencia, como herramienta para frenar la inflación. Evo Morales intentó sin éxito recortar el subsidio en 2010, un esfuerzo que también se topó con protestas masivas, y Luis Arce lo intentó de nuevo en 2024, proponiendo un referéndum que finalmente nunca se llevó a cabo.

Antes del Decreto 5503, emitido a finales de diciembre, un litro de diésel y gasolina en Bolivia se vendía a un precio subsidiado de 0,53 dólares, una política que le costaba al Estado 2000 millones de dólares al año. La eliminación de la subvención forma parte de una serie de medidas de austeridad destinadas a hacer frente al déficit fiscal de Bolivia (sin aumentar los impuestos) y a la agitación económica provocada por la escasez de dólares y gas y el aumento de la inflación en los últimos dos años. Los precios de los combustibles aumentarán ahora un 86% en el caso de la gasolina y un 162% en el del diésel.

Cuando se hizo el anuncio, justo antes de Navidad, los sindicatos que representan a los choferes y al sector transportista se rebelaron. Sin embargo, después de que el régimen llegara a un acuerdo secreto con los sindicatos del sector del transporte, solo quedaron la COB........

© La Haine