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Desde el territorio-cuerpo: por qué la liberación palestina es una cuestión feminista

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16.08.2026

Tras el 7 de octubre de 2023, el proceso de colonización y el intento de exterminio del pueblo palestino por parte del régimen israelí han entrado en una nueva fase de intensificación.

Si bien dos semanas antes Benjamin Netanyahu exhibió, en la sede de la ONU, un mapa titulado "El Nuevo Oriente Medio", del que Gaza y Cisjordania habían sido borradas, el 30 de octubre de 2023 apeló, como acostumbra el sionismo, a textos bíblicos y, citando a Yahvé, afirmó: "darás muerte a hombres y mujeres, niños y recién nacidos, bueyes y ovejas, camellos y asnos; no dejarás con vida nada que respire" (Aranguren, 2025, p. 120).

Ante el actual genocidio, que no hace sino dar continuidad a la colonización sionista iniciada a finales del s. XIX con el apoyo del Imperio británico primero y del estadounidense después, al servicio de los intereses del capital occidental, Rita Segato (2025) se declara "exhumana", pues ya no quiere "pertenecer a esta especie siniestra, genocida". El genocidio palestino nos interpela de manera directa a todas aquellas que nos consideramos feministas y luchamos por la profunda transformación de las condiciones materiales, de los regímenes de poder y de los afectos, vínculos y cuidados que sostienen la vida. En palabras del Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama (2025a), quien nos insta a asumir nuestra responsabilidad moral, política e histórica: "No hay feminismo revolucionario sin una postura clara a favor de la liberación de Palestina. Toda Palestina. Desde el río hasta el mar".

Desde las tradiciones históricas de los feminismos anticoloniales, antiimperialistas y marxistas, en las que se inscribe también una parte significativa del movimiento feminista de Euskal Herria, junto a numerosas voces y colectivos feministas palestinos y aliados, este texto expone por qué la lucha por la liberación del pueblo palestino es una cuestión feminista central. Se erige, así, como denuncia del silencio, de la complicidad y del apoyo del feminismo blanco hegemónico al proyecto colonial sionista y al imperialismo occidental. Subraya que, junto a la vital tarea de denunciar y luchar contra el genocidio palestino, una postura feminista conocedora del carácter histórico milenario del pueblo palestino implica la denuncia de la colonización y el apoyo a la liberación de Palestina, de toda Palestina, desde el río hasta el mar. Hoy más que nunca, sostener una posición feminista exige afirmar alto y claro que no hay emancipación posible sin la liberación de Palestina.

¿De qué liberación habla el feminismo blanco hegemónico?

Ante la historia milenaria de Palestina 1 y los procesos de colonización, despojo y genocidio que la atraviesan, no debería ser necesario explicar por qué la liberación palestina es una cuestión feminista. Sin embargo, junto al apoyo sostenido por amplios sectores de los feminismos anticoloniales y populares en Abya Yala, Irak, Irán, Sudáfrica, el mundo árabe, EEUU y múltiples naciones y territorios europeos, la falta de apoyo y solidaridad de determinados posicionamientos feministas con la lucha palestina remite a profundos y nada nuevos problemas en el terreno de los feminismos. Desde nuestras diversas configuraciones y posicionamientos en las redes y sistemas de poder y de dominación, ciertos privilegios se traducen de forma obscena en la defensa del derecho de Israel a defenderse. A esta obscenidad se suman las posturas equidistantes de quienes comparan la violencia de ambos lados, como si el terrorismo de Estado, la colonización y la limpieza étnica fueran lo mismo que el derecho de un pueblo a resistir y defenderse. Como señala Alkarama, el silencio de numerosas voces feministas globales no solo produce dolor, sino que reproduce desigualdades coloniales: "Cuando el sufrimiento de una mujer palestina se vuelve complicado, controvertido o no prioritario, lo que se está diciendo -sin decirlo- es que su vida vale menos" (Alkarama, 2025b).

El feminismo se ha caracterizado históricamente como un movimiento de liberación de las mujeres. El debate en torno a quién cuenta como mujeres y qué significa liberación ha llenado páginas de crítica y de literatura feminista. Precisamente, lo que las múltiples críticas articuladas por los feminismos del Tercer Mundo, chicanos, negros, árabes, decoloniales, anticapitalistas y anti-imperialistas, así como sus entrelazamientos con los feminismos queer y transfeminismos, han puesto de manifiesto es que, más allá del ámbito teórico, se trata de cuerpos y de vidas que están literalmente en juego. Ahora que las feministas liberales, no exentas de problematicidad en sus alianzas con el fascismo y la ultraderecha, defienden también los derechos LGTBIQ , la no solidaridad con nuestras hermanas, mujeres, bolleras, personas trans, no binaries, oprimidas en cualquier parte del mundo, constituye una renuncia a los principios feministas básicos. Pretender la propia liberación sin pretender al mismo tiempo la liberación de todas recae en un feminismo excluyente, opresor, imperialista, que contradice los principios que, en teoría, justifican el reclamo de la categoría de feminista. Afaf Jabiri es clara en este sentido, cuando afirma:

Durante demasiado tiempo, el término «feminismo» se ha utilizado de forma imprecisa, lo que ha permitido que cualquiera pueda atribuirse esa etiqueta sin comprometerse realmente con sus principios (...) [P]ero deben seguir existiendo ciertos elementos clave (...): la igualdad y la justicia. Si estos principios clave ya no están presentes o no se aplican por igual a todxs, entonces ya no puede considerarse feminismo (Pratt et al., 2025, 228-229, trad. propia).

Territorio-cuerpo: El nexo inextricable entre liberación nacional y emancipación feminista

Una de las reivindicaciones históricas y actuales del feminismo liberal blanco, en la que este converge con otros feminismos, es el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, su soberanía corporal, sexual y reproductiva. Este principio, sin embargo, no puede sostenerse de manera coherente si no se aplica a todos los cuerpos, es decir, si no abarca en su seno el derecho a la autodeterminación sexo-genérica. Pues bien, el cuerpo no es una entidad aislada, cerrada en sí misma; es relacional, interdependiente, abierta, situada, vive en un territorio, está unida a un territorio. Incluso en estos tiempos de capitalismo híper-acelerado, en los que determinados cuerpos (adivínese cuáles) hacen un uso de la movilidad que podría denominarse intergaláctica, junto con Zygmunt Bauman ([2000] 2003) "líquida", propia casi solo del capital, estos cuerpos pisan territorios. Un cuerpo no puede no habitar un territorio.

Esta relación de entrelazamiento entre cuerpo y territorio, en la que el segundo opera como condición de posibilidad del primero, pone de manifiesto el profundo nexo entre la soberanía corporal, sexual y reproductiva, y la soberanía territorial, entre el derecho a la autodeterminación sexo-genérica y la autodeterminación de los pueblos. Quienes habitan cuerpos tienen derecho a decidir sobre ellos: tienen derecho a la soberanía corporal. Quienes habitan territorios tienen derecho a decidir sobre ellos: tienen derecho a la soberanía territorial. En este sentido, las posiciones adoptadas por amplios sectores del feminismo liberal antes y después del 7 de octubre de 2023 entran en contradicción con el propio marco normativo que dicen defender, pues el derecho de autodeterminación de los pueblos está recogido en la Carta de Naciones Unidas de 1945, un marco jurídico-político inscrito en la tradición liberal que ese mismo feminismo reivindica.

La idea del nexo inextricable entre el cuerpo y el territorio es formulada por la feminista comunitaria maya k'iche y la defensora de la vida, los territorios y la autodeterminación de los pueblos, Lolita Chávez, a través del concepto territorio-cuerpo. Chávez entiende los territorios, no solo como espacios........

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