El sueño de los overoles vs. la supremacía invisible
Un ejército de 7,7 millones de personas trabajaba en las plataformas de la Gig Economy en la India a finales de 2025 y se estima que esta cifra se duplicará para 2030. India no es una excepción en el comercio global; el modelo de «entrega en 10 minutos» se ha convertido en un símbolo de la precarización extrema. El Sindicato de Trabajadores de Plataformas convocó a una huelga los días 24 y 31 de diciembre de 2025 para exigir la eliminación de este modelo y la invalidación del sistema de pago basado en algoritmos, considerado deshumanizante por sustentarse exclusivamente en datos y métricas automatizadas.
Cada pedido que atiende «el ejecutivo de entregas» --vaya eufemismo-- está plagado de términos y condiciones diseñados para arañar los puntos necesarios que permitan alcanzar un ingreso mínimo: una base de 2 dólares por día. Ese salario está sujeto a que el repartidor no cancele ningún pedido, complete todas las entregas en tiempo y forma y además obtenga una calificación social positiva por parte del receptor, que determinará su sueldo final. Pensar que en 2019 creíamos que Black Mirror se había pasado de la raya con su temporada 3, «Nosedive». Hoy tu vida depende del estatus en las redes sociales y de un puñado de estrellitas.
El 13 de enero el régimen de la India instó (no obligó) a las grandes plataformas de reparto a retirar de inmediato la publicidad y las comunicaciones que prometen una «entrega en 10 minutos», tras las denuncias de que esta garantía comercial fomenta la conducción temeraria y pone en riesgo la vida de los trabajadores. El resultado de 10 horas de trabajo y 107 kilómetros recorridos era de 787 rupias (7,8 dólares) al día, siempre que se cumplieran los incentivos basados en objetivos. La matemática es simple: la vida vale menos que la velocidad.
Este drama en la base de la pirámide laboral es solo una cara de la moneda. En la cúspide, el sueño del «productivismo industrial» --el añorado mundo de los overoles-- compite ferozmente con el «tecnofascismo de servicios», esa economía de plataformas e inteligencia artificial que está redefiniendo las reglas del juego. Lo que detallaremos a continuación son los puntos clave de una transición silenciosa pero devastadora: el trabajo, tal como lo conocimos durante el siglo XX, está dejando de ser el eje ordenador de la sociedad.
El empleo muta de ser un «puesto» estable a convertirse en una serie de «tareas» intermediadas por algoritmos. Caminamos hacia una economía con forma de «reloj de arena». En la parte superior, profesionales altamente cualificados que dirigen la inteligencia artificial; en la base, trabajadores de servicios manuales no automatizables --cuidados, limpieza, mantenimiento-- con salarios bajos y nula estabilidad, y en el medio, la clase media administrativa y técnica en vías de extinción.
Quienes queden desempleados u obsoletos en este proceso se enfrentan a una perspectiva aterradora, un Ingreso Básico Universal (IBU) que, lejos de ser una herramienta de emancipación, podría llegar dominado por Monedas Digitales de Bancos Centrales (CBDC) y billeteras virtuales, en el marco de un capitalismo de la vigilancia que permite niveles de control social sin precedentes.
Por eso resulta alarmante que los más destacados defensores del ingreso básico universal en EEUU sean hoy los grandes tecnocapitalistas. Nombres como Peter Thiel --creador de Palantir Technologies, el sistema operativo del poder militar y la vigilancia masiva, además de mentor del vicepresidente J.D. Vance--, junto a Marc Andreessen, Sam Altman, Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Eric Schmidt y una larga lista de líderes de Silicon Valley, conforman el núcleo de una nueva clase dirigente que promueve el IBU como un nuevo mercado que controlar, no como red de seguridad.
¿La razón? A diferencia del efectivo, si el pago del Ingreso Básico........
