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¿Quién controla las guerras de EEUU?

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29.03.2026

Cualquiera puede ir a Bagdad. Los hombres de verdad van a Teherán

La frase, atribuida indistintamente a Rambo o a Boogie el aceitoso, según el gusto del lector, resume una tentación que lleva décadas rondando los pasillos del poder en Washington. Pero la cuestión real no es si EEUU debe o no bombardear hasta el fin a Irán. La pregunta es quién decide que esa sea siquiera una opción sobre la mesa cuando la mayoría de los ciudadanos se opone, cuando los militares advierten de las consecuencias y cuando la propia estrategia de defensa nacional dice que el verdadero enemigo está a miles de kilómetros, en China.

La respuesta es incómoda, pero está documentada: la política exterior estadounidense es el producto de una estrategia nacional coherente como ya lo expusimos en el artículo Trump no improvisa, pero el resultado es de una lucha feroz entre élites con visiones del mundo radicalmente distintas y, sobre todo, con intereses económicos muy concretos. No se trata de una conspiración con un único cerebro, sino de un ecosistema opaco de intelectuales neoconservadores, contratistas de defensa, lobbies extranjeros y facciones internas de la Casa Blanca que compiten por controlar la narrativa y, de paso, los presupuestos.

Lo que hace que el análisis sea particularmente confuso es que un conjunto paralelo de debates económicos y de negocios se desarrolla casi independientemente de las consideraciones estratégicas. Para entenderlo, hay que observar tres corrientes de pensamiento que hoy se disputan el alma de la política exterior estadounidense.

Por un lado, están los asociados al movimiento MAGA, que desean unos EEUU más conservador y una política exterior que sea extensión de las guerras culturales domésticas. El vicepresidente JD Vance lo ha resumido con claridad: EEUU no debería «desperdiciar vidas siendo el policía del mundo». Pero también existe un profundo escepticismo hacia las élites washingtonianas, a las que consideran belicistas empedernidas.

Una segunda perspectiva, la de los autodenominados «realistas», considera que la prioridad absoluta es el Indo-Pacífico. China, no Irán, es el verdadero desafío existencial. Una guerra en Oriente Medio sería un problema sin fin que desviaría recursos cruciales de la contención de Pekín. Abogan por la contención de Irán, no por su destrucción, y creen posible algún tipo de modus vivendi que permita a EEUU salir de la región. Su mentor intelectual es Elbridge Colby, y sus propuestas suenan a música celestial para oídos cansados de guerras interminables.

Finalmente, persiste el enfoque más tradicional de la seguridad nacional estadounidense, los neoconservadores o, ahora, 'Sion Con', el que percibe amenazas interrelacionadas con China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Esta visión del mundo, que los críticos tachan de «neoconservadora», aboga por un alto nivel de preparación militar y cooperación con aliados en tres frentes simultáneos: el Indo-Pacífico, Europa y........

© La Haine