Errejón y la gran estafa del feminismo
Están los portadores de la indiscutible superioridad moral de la izquierda desolados. Andan confusos desde que se les vino abajo uno de sus fundamentales lechuguinos, protagonista predilecto de los aliados con ínfulas: el fogoso Errejón, depurado por sus pasiones autodestructivas, dicen que con su reprochable conducta (de la que todas eran ajenas, desde Rita Maestre a Yolanda Díaz, pasando por Mónica García y las periodistas del abrevadero oficial) que ha traicionado y engañado al feminismo, como si en España, y en esta nueva ola de militancia con cargo a los presupuestos, no fuera precisamente eso: un edificio de cartón piedra cimentado en la hipocresía, la doble moral, el oportunismo y el ánimo de lucro. El chanchullo de toda la vida, pero a lo bestia y destrozando a una parte significativa de la sociedad.Por lo que, si algo es Don Íñigo de Aravaca, es precisamente un buen representante, como espécimen arquetípico, de la impostura hecha negocio. De la pancarta con nómina detrás. Del «hermana yo sí te creo pero depende».
El tinglado donde Errejón medró era un nicho donde cohabitaban dos tipos de mujeres: las de la extrema izquierda exaltada (perdón por la redundancia) más o menos desprovistas de sus facultades mentales, y las que sabían que eso era la gallina de los huevos de oro y andaban al suculento trinque; pero ambos grupos se empeñaban a situar a todos los hombres en un mismo plano delictivo («el violador eres tú») debido, supongo, a las secuelas generadas de su interacción con hombres de izquierdas. También como reflejo de sucesos traumáticos en la infancia, que luego se reflejan en la vida adulta en forma de desequilibrios cognitivos. Una persona que se viste por los pies, ante esos delirios, como es normal, tuerce el morro y murmura: «el violador lo será tu puto padre».
Porque seamos claros, que de eso se trata. Errejón tomó parte, desde muy mozalbete, en el festín de profesores universitarios depredando en las aulas que controlaban con rigor soviético, tutorías con puertas abiertas y ganas de irse a refrescar al baño que te espero allí; prometiendo a las incautas tratos de favor y ascensos, siempre que asumieran que el camino a la cumbre pasaba por su bisectriz. Apuntados a la hoja parroquial del feminismo para poder pecar en nombre de la igualdad de géneros. Aliados para tocar bullate. Los más espabilados de su promoción.
Como dije, las mujeres en el microcosmos errejoniano estaban ajenas a todo, las pobres. Como nada sabían en el PSOE de las compulsiones puteras de la banda de Ábalos, ni de Paco Salazar mostrando sus erecciones por Moncloa, ni cómo consiguió la pasta la hija de Sabiniano. Nada de nada.
En una ideología donde el Estado es el que dicta la propia moral, buena parte de las cabriolas más disparatadas contra la razón nacen de ese catecismo que abraza las insensateces más llamativas, combinadas con esas afirmaciones de lo más grotescas e infantiles. Cánticos y lemas de barra brava.
Pero este caos fecundo orbita sin cesar alrededor de sólo un punto: ganar más dinero y enchufar a más gente. Aún asombra ver a las indescriptibles Irene Montero e Isa Serra paseándose por Estrasburgo como electas europarlamentarias. De cajera a diputada, de diputada a ministra y de ahí a Bruselas y tiro porque me toca. Y que no les falte el chollo. Todo eso sin dejar de decir sandeces que abochornan a cualquiera que no sea un absoluto majadero.Y es curioso, porque la progresía socialmente comprometida está más indignada por las calenturas del alegre vicioso Niño Pollo que por el hecho de que era un chavista ladrón, populista de charca, defensor de proetarras y tétrico simpatizante del terrorismo islamista. Le creían una especie de referente cultural, cuando su verbo cantinflesco sólo envolvía la nada. Un intelectual de gafa y paja.
Dicen las estadísticas que los jóvenes ya se desentienden de la ideología de género. Está muy bien, qué maravilla si los más lúcidos se han percatado de uno de los fraudes políticos menos disimulados. Tal vez cuando empezaron a ocultar asesinatos y violaciones de mujeres sólo por interés de seguir manteniendo en pie el chiringuito vieron que algo no les cuadraba. Qué juventud tan despierta. Lo próximo será renunciar al comunismo como terapia de botellón.
