Los bárbaros
En su comparecencia tras los resultados en Aragón, Pilar Alegría hizo lo previsible, lo que se espera de un muñeco de resorte al darle a la manivela: se irguió frente al atril y advirtió sobre el peligro que supone el avance de la «ultraderecha». Con ello logró los primeros aplausos de la militancia, algo mohína hasta entonces por los amargos frutos de la noche electoral. A nadie pudieron sorprender las palabras de Alegría porque es antiguo el soniquete. Tanto se ha repetido que la legitimidad de ciertos partidos parece depender de la ilegitimidad de la «ultraderecha». Son deseables sólo en la medida en que la «ultraderecha» es indeseable. Son necesarios como lo es un pesticida.
La matraca comenzó en las elecciones andaluzas de 2018. Vox consiguió doce sorprendentes escaños que auparon a Moreno Bonilla, dando por concluidas cuatro décadas de gobierno socialista. En la comparecencia, Susana Díaz, dolorida, destronada y queriendo comprometer al PP, disparó la primera ráfaga de «ultraderechas» que recuerdo.........
